
El lenguaje claro y accesible consolida su agenda iberoamericana desde La Plata
Alejandro CarranzaEl lenguaje claro y accesible atraviesa una nueva etapa de expansión y consolidación. La III Convención de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible, realizada en La Plata, reunió a más de 1.200 participantes y 275 disertaciones y permitió poner en común experiencias, investigaciones y políticas destinadas a mejorar la comunicación entre las instituciones y la ciudadanía.
El encuentro, que convocó a representantes de distintos países y ámbitos profesionales, académicos e institucionales, culminó además con un acontecimiento de alcance regional: la creación de la Red Iberoamericana de Lenguaje Claro y Accesible, a partir de la denominada Declaración de La Plata.
El resultado proyecta el movimiento de lenguaje claro hacia una dimensión más amplia. Ya no se trata solamente de promover mejores prácticas de redacción en determinados organismos, sino de avanzar hacia una agenda iberoamericana de cooperación en torno a la accesibilidad de la información y el derecho de las personas a comprender.
Un movimiento que amplía sus fronteras
La evolución del lenguaje claro ha estado estrechamente vinculada con la necesidad de acercar las instituciones a quienes deben interactuar con ellas. En particular, los ámbitos jurídico, administrativo y judicial comenzaron a cuestionar progresivamente formas de comunicación caracterizadas por el exceso de tecnicismos, estructuras complejas y una distancia considerable respecto de sus destinatarios.
Con el tiempo, esa preocupación dejó de ser exclusivamente lingüística. La claridad comenzó a relacionarse con cuestiones como el acceso a la justicia, la transparencia, la participación ciudadana, la accesibilidad y el ejercicio efectivo de derechos.
La Convención de La Plata reflejó precisamente esa ampliación de perspectivas. Entre los ejes abordados se encontraron el lenguaje de los poderes públicos, la comunicación especializada, la formación académica y profesional, las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, la accesibilidad cognitiva y la lectura fácil, además del diálogo iberoamericano sobre lenguaje claro.
La diversidad temática muestra hasta qué punto el movimiento ha dejado de ser una cuestión limitada a la corrección o simplificación de los textos. El desafío es construir formas de comunicación institucional que permitan que las personas comprendan aquello que las afecta y puedan actuar en consecuencia.

El derecho a comprender
Uno de los conceptos que atraviesan esta nueva etapa es el derecho a comprender.
La expresión supone un cambio significativo en la manera de concebir la comunicación pública. La claridad no aparece simplemente como una recomendación para escribir mejor, sino como una condición para que la ciudadanía pueda acceder efectivamente a la información, conocer sus derechos y relacionarse en condiciones más equilibradas con las instituciones.
Desde esta perspectiva, el lenguaje claro tampoco implica eliminar la precisión técnica ni prescindir de los conceptos propios de cada disciplina. El objetivo es evitar que la complejidad innecesaria se transforme en una barrera para quienes necesitan comprender una norma, una sentencia, un trámite administrativo, una información sanitaria o cualquier otra comunicación pública.
La cuestión adquiere especial relevancia en sociedades caracterizadas por una creciente diversidad cultural, lingüística y educativa, y en las que las nuevas tecnologías multiplican la velocidad y el volumen de circulación de información.
Una agenda atravesada por la inteligencia artificial
La incorporación de la inteligencia artificial y de las tecnologías del lenguaje constituyó otro de los aspectos relevantes del encuentro.
Las herramientas de inteligencia artificial pueden contribuir a detectar dificultades de comprensión, adaptar contenidos y facilitar el acceso a grandes volúmenes de información. Pero también plantean nuevos interrogantes sobre la calidad, la precisión y la responsabilidad de los contenidos generados o transformados mediante sistemas automatizados.
En ese escenario, el lenguaje claro adquiere una nueva dimensión: no alcanza con que una tecnología pueda producir más información; es necesario que esa información pueda ser comprendida por las personas que la reciben.
La transformación tecnológica, por lo tanto, no desplaza la agenda del lenguaje claro. Por el contrario, la vuelve todavía más necesaria.
De la Red Panhispánica a la Red Iberoamericana
El principal resultado institucional de la Convención fue la creación de la Red Iberoamericana de Lenguaje Claro y Accesible.
La iniciativa incorpora al espacio de cooperación no solamente a las comunidades de habla española, sino también al ámbito lusófono, articulando instituciones de España, Portugal, América Latina y otros espacios vinculados con la comunidad iberoamericana.
La nueva Red tiene entre sus objetivos promover el derecho a comprender, favorecer la accesibilidad y la equidad, desarrollar recursos comunes y facilitar el intercambio de experiencias y buenas prácticas.
La dimensión de esta nueva etapa se comprende también a partir del alcance potencial de las dos grandes comunidades lingüísticas involucradas: español y portugués reúnen conjuntamente a cientos de millones de hablantes y conforman uno de los mayores espacios culturales y lingüísticos del mundo.
La Plata, punto de encuentro
La elección de La Plata como sede de esta Convención terminó otorgándole a la ciudad un lugar particular en la evolución del movimiento de lenguaje claro.
Durante el encuentro confluyeron instituciones vinculadas con la lengua, la Justicia, la educación, la comunicación y las políticas públicas. Esa diversidad permitió poner en diálogo experiencias que hasta hace algunos años se desarrollaban de manera relativamente independiente.
El resultado fue una agenda que trasciende fronteras institucionales y nacionales.
La Convención deja así una conclusión que va más allá de sus cifras y de los acuerdos alcanzados: el lenguaje claro y accesible se encuentra en una etapa de consolidación como política pública, como campo de conocimiento y como herramienta vinculada con el ejercicio de la ciudadanía.
La creación de la Red Iberoamericana representa, en ese sentido, un nuevo punto de partida. El desafío ya no consiste únicamente en convencer a las instituciones de la importancia de comunicar con claridad, sino en construir capacidades, estándares, herramientas y culturas institucionales capaces de convertir ese principio en una práctica cotidiana.
La agenda que comenzó a tomar forma en La Plata tiene ahora una dimensión iberoamericana. Y su objetivo último puede resumirse en una idea sencilla, pero de profundas consecuencias democráticas: que nadie quede excluido de aquello que necesita comprender significa un fortalecimiento ciudadano.


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