
29 de agosto: el abogado frente a su espejo
Alejandro CarranzaCada 29 de agosto recordamos a Juan Bautista Alberdi, jurista y pensador clave en la organización de la Argentina moderna. No se trata de un mero ritual académico: la fecha es una interpelación a la abogacía para preguntarse qué significa hoy ejercer la profesión en un país que cambia, a veces más rápido de lo que las instituciones pueden acompañar.
La abogacía argentina tiene una tradición que se confunde con la historia misma de la República: fue motor en la redacción de la Constitución, en la defensa de las libertades públicas, en los grandes debates políticos y en la consolidación del Estado de Derecho. Sin embargo, sería ingenuo conformarnos con la evocación de un pasado glorioso. El desafío es pensar el presente y proyectar el futuro.
El presente incómodo
Hoy el abogado argentino se enfrenta a un mercado saturado, donde cada año egresan miles de nuevos profesionales que compiten en condiciones muchas veces precarias. A esto se suman intentos recurrentes de debilitar la profesión: la desregulación de honorarios, el cuestionamiento a la colegiación y la reducción del abogado a un simple “gestor de trámites” son síntomas de un clima que busca despojar de dignidad al ejercicio profesional.
En paralelo, la sociedad percibe a la Justicia como un sistema lento, caro y poco accesible. Y en ese espejo también se refleja la abogacía. El abogado que no se compromete con la transparencia, la empatía y la claridad en su comunicación con el ciudadano, corre el riesgo de volverse irrelevante.
El futuro en disputa
La irrupción de la inteligencia artificial y la automatización de tareas jurídicas plantea un dilema: ¿serán reemplazados por máquinas o reinventarán su rol? La respuesta no depende de la tecnología, sino de la capacidad del abogado de reafirmar lo que ninguna herramienta puede sustituir: el juicio crítico, la defensa de derechos, la construcción de confianza.
El futuro exigirá abogados capaces de moverse en nuevos territorios jurídicos —datos personales, entornos digitales, bioética— pero también de sostener viejos valores: independencia, ética profesional, compromiso con el Estado de Derecho.
Una profesión con responsabilidad histórica
El Día del Abogado no debería ser una celebración complaciente, sino un recordatorio de responsabilidad histórica. Su tarea no es solo litigar, sino defender la dignidad de la profesión y el acceso de los ciudadanos a la justicia.
Si Alberdi nos legó una Constitución como horizonte, a la colegiación le toca legar una profesión que esté a la altura de los tiempos: independiente, moderna, crítica y profundamente humana.
El abogado de hoy debe mirarse en el espejo del 29 de agosto y decidir si seguirá siendo protagonista del Estado de Derecho o si aceptará ser un actor de reparto en un escenario dominado por otros poderes.


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